El deterioro de la calidad de vida en los barrios periféricos de Medellín


Artículo publicado ayer en equinoXio.org

La Loma
La Loma desde el Metrocable La Aurora (Foto: Álvaro Ramírez Ospina)

La marginalidad y la desazón que vive en los distintos sectores de La Loma y otros vecindarios de Medellín es fruto de un proceso de degradación, cuyo principal protagonista ha sido sin ninguna duda el Estado, que dejó a la deriva de organizaciones particulares al margen de la ley el destino de sus habitantes. Esto causó un detrimento insubsanable en la protección de millones de ciudadanos y también una ausencia notoria en las oportunidades económicas y sociales que se les brindan.

Fueron varios los factores que condujeron a ese estado de cosas que entró en crisis sobremanera en el año 2002:

Dominó la percepción de que la violencia que azotaba la ciudad no era exclusiva de Medellín, ni era responsabilidad principal del gobierno local el esfuerzo por confrontarla con soluciones acertadas y efectivas. Esto produjo una suerte de bandazo que consistió en rechazar como equivocado el “tratamiento represivo” al narcoterrorismo y al sicariato, y que implementó una estrategia centrada en la “autogestión del conflicto” por parte de las comunidades y el buen funcionamiento de los servicios de seguridad y justicia.

Diversas administraciones municipales en los años 90 indujeron a diversas formas de privatización de la gestión de la seguridad y a instrumentalizar pactos con grupos armados, con el fin de lograr un cierto grado de gobernabilidad. Todo esto terminó “beneficiando a las numerosas organizaciones armadas dispuestas a ofrecer servicios y funciones de seguridad y justicia en las comunidades”.

El resultado de la gestión de seguridad en esa década procuró obtener resultados positivos en los diversos indicadores de criminalidad, a costa de la preservación o el incentivo de condiciones que deteriorarían tanto la seguridad estatal como la de los ciudadanos en el mediano plazo. Así, los procesos de mediación y la firma de pactos con y entre grupos armados fueron instrumentalizados por cada uno de los diversos sectores involucrados directa o indirectamente en ellos (gobierno local, actores del conflicto armado y los mismos combos, bandas y milicias) para lograr propósitos concretos, diferenciados y, en ocasiones, complementarios o contradictorios entre sí".

Lo que podemos encontrar en Medellín a comienzos del nuevo siglo es que el Estado local no sólo no había logrado monopolizar el uso de la fuerza, sino que parecía haber renunciado a esa pretensión, produciendo así resultados negativos en cuanto al monopolio financiero.

Panorámica
Panorámica de la Loma desde el parque biblioteca de San Javier (Foto: Catalina Urquijo / ConVerGentes)

Para ser más comprensivos con los formuladores de las políticas públicas en los años de referencia digamos que, siguiendo el espíritu dominante, revirtieron hacia la seguridad ciudadana, entendida como énfasis en la prevención como estrategia y en la calidad de vida como resultado, y subestimaron la seguridad pública o estatal, que tiene como eje estratégico la coacción y, como objetivo, el orden.

Al cederles el control territorial de parte del Estado local a bandas, milicias, autodefensas y guerrillas, les permitió a tales grupos constituir órdenes volátiles y transitorios en determinados territorios de la ciudad. Fue así como se aplicaron y aceptaron legalidades diferentes de la estatal, donde existía una oferta de seguridad y justicia inmediata sustentada en el uso y concentración creciente del recurso de la fuerza.

Esos órdenes paralelos, aunque sostenidos precariamente en los barrios periféricos de Medellín y en algunos municipios del Valle de Aburrá, se expresaron en la gestión de la seguridad y el desarrollo de mecanismos de exacción económica de la población. La extorsión, como mecanismo de financiación de los integrantes de estos grupos, se generalizó en muchos barrios bajo la forma de tributos cobrados a comerciantes, transportadores y vecinos.

Este retiro del Estado local les permitió a los actores del conflicto armado (paramilitares y guerrillas) fortalecerse militarmente en muchos barrios de la ciudad, ocupar un destacado lugar en la oferta de seguridad y aprovechar los medios políticos, institucionales y económicos a su alcance, para el logro de cierta forma de institucionalización.

Institucionalización lamentable del crimen que, según revelaciones recientes de los órganos investigativos, muestran cómo, con complicidad estatal, aun operan agrupaciones delincuenciales que deterioran gravemente la calidad de vida de los habitantes de la ciudad.
 
Si bien en La Loma (vereda del Corregimiento de San Cristóbal) ya existe un puesto de Policía cerca de El Guamo y otro del Ejército (en la parte alta de la montaña), algunos de los actores del conflicto siguen haciendo presencia en las calles de las comunidades, que hasta hace poco se vieron azotadas por una de las olas de violencia más devastadoras y mortíferas que haya vivido la ciudad. 

Nota sobre la autora:

Yuliana Paniagua estudia Leyes en la U. de Medellin, es parte de la comunidad HiperBarrio y de la red mundial Rising Voices y tiene su blog propio titulado: Tejiendo hisotria

 

3 comentarios

  1. Algo que pensé desde el principio fue lo del tema de la marginalidad y la desazón, yo pienso que de romper esas barreras nos hemos encargado cada uno de los habitantes de la comunidad, cada nuevo proyecto, cada esfuerzo, por ejemplo en mi barrio, donde durante mucho tiempo no se hacían fiestas ni paseos por el dolor de la ausencia de muchos líderes comunitarios y muchachos del barrio, ahora se hacen bingos, bailes, etc…

    Aún sabiendo que los grupos paramilitares todavía nos ofrecen “servicios, funciones de seguridad y justicia”, aún cuando muchas personas prefieren llamar a “los muchachos” en lugar de llamar a la policía… yo pienso que la comunidad ha cambiado bastante.

    Yuli, felicitaciones por tu artículo, se nota que vas progresando mucho en tu carrera🙂

  2. Hola!! En el programa para tv que hace el ITM, EL Medellín no Contado, queremos hacer a finales de este mes un programa sobre el deterioro de la convivencia ciudadana en los últimos años. Convergentes ¿Ustedes no podría colaborar con testimonios al respecto, sobre que ha ocurrido y que se está haciendo al respecto? RESPONDANME AL CORREO QUE DEJO ALLÍ

  3. Triste es ver como La Loma este otra vez en manos de la delincuencia. Gente armada por las calles y el comando de policia ni entera…cosas como las que vi el sabado en la mañana!!! van hacer que la gente buena se vaya que la inversion se vaya, que los buseros de la America y tax maya se vayan y no metan mas carros bonitos los del metro que han dado mejor vida a nuestra comunidad y mayor dignidad.
    Con el tiempo la gente que queria encontrar paz y dar trabajo a muchos lomeños se iran como se iran llendo uno a uno los supermercados, las tiendas, las pocas empresas que aun permanecen por aqui.
    No dejemos que nos ahogue otra vez la peste. EL RESPETO ES EL SECRETO

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