Al caído, caerle.


Hace algunos días, cuando subíamos en la buseta de San Cristóbal, estuvimos a punto de estrellarnos con un montículo de escombros que algún insensato dejó allí. Al parecer se trata de conductores de volquetas que para ahorrar tiempo, ven muy cómodo esto de dejar sus porquerías en cualquier lugar de la carretera.

Esto suelen hacerlo en las noches, pues mágicamente en las mañanas, aparecen, casi siempre en la curva conocida como la “Y”, estas montañas de basura.

No deberíamos esperar a que ocurra una tragedia para tomar cartas en el asunto. Deberíamos sentirnos más dueños de nuestra comunidad, sentir que cada centímetro de tierra nos pertenece sin permitir que cualquiera que se le antoje haga de las suyas.

Tenemos algo que muchos anhelan: hermosas zonas verdes, montañas, aire puro y noches de luna inigualables.

A ver muchachos ¿Qué podremos hacer para que los conductores de volquetas comprendan las vías son un bien común que todos debemos respetar?

Una respuesta

  1. qué rabia y qué impotencia, porque, a la hora de la verdad, encontrarse con estos cochinos es cuestión complicada, porque lo hacen a la hora en que las calles deben estar solas y no solo quisieran acabar con el mágico paisaje, también con la vida de quienes pasan por allí sin sospechar la presencia de sus escombros.

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