¿Solo un día de Madres?


Día de madres. Yo por mi parte me salto siempre esa fecha en el calendario y la veo como cualquier otra, no tengo la presión que sienten otros en otras familias por tener que darles un regalo a sus madres.

De todas formas sí creo que hay algo de bello en esa excusa para reunir a la familia, dar un detalle y que las madres tengan un día que esperar; no con el propósito que reconozcan que son valiosas, ellas saben que lo son; sino que es a otros a quienes les corresponde reconocerlo abiertamente y ser agradecidos. Eso las deja alegres a ellas y satisface a los hijos.

Pero a decir verdad no escribo por este evento en especial, sino por lo que permite que nos detengamos a reflexionar: “lo que ser madre significa”. Eso por supuesto no lo sé y no voy nunca a averiguarlo –levanto la cabeza y doy gracias al cielo – pero lo que sí sabemos y en lo que estamos de acuerdo, porque se ha hecho ya todo un lugar común es el tan mentado “instinto materno”. El que sea buena o mala madre no tiene nada que ver. Tal vez sea una mala persona; pero de lo que no se duda jamás es de la efectividad de ese instinto; basta que el niño nazca para que se active de inmediato.

Respecto a él podemos tomar dos posiciones, o negarlo rotundamente o aceptarlo ciegamente. Tengo la opinión de una señora que sabe mucho, pero que no tiene hijos, quien afirma que eso es un vil invento de la sociedad, en la modernidad, para mantener a las mujeres en casa; atadas a sus hijos por el largo lazo de un instinto que deben aceptar. Dicha señora puede que tenga razón, pero no tiene hijos, así que su discurso carece de algo fundamental.

Tengo la opinión de otra mujer que le podrá contar a quien quiera un montón de circunstancias de la relación con sus dos hijas que la hacen creer ciegamente en “el instinto materno”. Y aún si pensamos en nuestra experiencia con nuestras madres, reconoceremos cosas en común que van desde un profético: “se va a caer”;  hasta un condenatorio “se lo dije”; pasando por el intimidante “yo sé lo que digo”; sin olvidar el místico: “yo sé que le pasó algo”; y otros muchos que no conocemos y para los que quizás no haya palabras.

Pero eso no explica que precisamente sea algo misterioso e inexplicable que las madres posean, como un don privilegiado.  Tengo un testimonio mejor, de una chica que tiene un hijo que apenas ve y que cuida a su abuela, quien dice que siente por su nieto lo que debería sentir su madre.

Esto podría demostrar que ese “instinto materno” no es más que una construcción por lo que la palabra instinto le quedaría grande; y le daría la razón a la primera opinión que dice que es una buena forma de mantener a la mujer en casa junto a sus hijos.

De todas formas eso no elimina el hecho de que dicha idea ya está en el lenguaje y muchas personas viven creyendo en ella. Se crea en él o no ya está en el inconciente de todos y en la relación que tienen las madres con sus hijos.

Y aunque suene algo divertido y hasta bello el mirar a una madre arropar a su hijo con su instinto materno, hay algo que de todo eso deploro, y es el que sea una única vía: no hay instinto paterno y mucho menos-y es una lástima- instinto de hijo. Si fuera así la madre no amaría a su hijo de la forma tan incondicional como lo hace mientras, él cree que, por su condición de hijo, debe estar para ser amado y servido por su madre quien no debe negar lo que le es dado por naturaleza; y que éste no tiene porque retribuirle de ninguna forma.

Porque así se plantea, una madre por su instinto debe ser abnegada, fiel y protectora, y un hijo debe reclamar esa abnegación, poder ser infiel porque siempre será perdonado y sentirse seguro porque siempre habrá alguien que debe estar a su lado.

Si lo vemos así un día para las madres es demasiado poco, y aunque sé que estoy generalizando ya que hay madres que desprecian a sus hijos e hijos que en verdad valoran a sus madres, por lo menos es una constante.

Decir que hay un instinto de madre, ya sea porque creamos que es real y no escapa a ninguna madre, o que es una mera construcción social, ya es ponerles una condición con la que tienen que cargar y que definitivamente les cuesta.

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3 comentarios

  1. Que buen titulo el que tiene el post…jejeje 🙂

    ¿No hay instinto de hijo?

    El texto es excelente, ya tuve la oportunidad de leerlo en la pre-producción y aquí, así que lo único que me queda por hacer es elogiar a Diego por su excelente forma de escribir.

    Saludos a todos…

  2. Muy interesantes sus didascalias en medio de la prosa, señor magno. jejejejeje

  3. Señor magno, tal vez el instinto de hijo también se pueda construir, yo, por mi parte, se cuando mi señora madre esta triste ó angustiada así intente no mostrarlo.

    Un día de madres es demasiado poco, lo curioso es que siempre decimos eso solo una vez al año. Los días especiales son simplemente una excusa para demostrarle un poco más a quienes queremos lo mucho que nos alegra su compañía.

    Hermoso escrito, deja mucho qué pensar, abrazos.

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