La cotidianidad de la muerte


A pesar de que llevo ya un año trabajando en la Unidad Intermedia de San Javier, no he podido acostumbrarme a lo que para otros allí  parece tan cotidiano: la muerte. En lo que ha transcurrido del año, son muchos los jóvenes que han ingresado, ya sin vida, al centro de  salud. La mayoría son chiquillos que han caído en esta absurda guerra que se volvió a desatar, en la Comuna 13, desde hace algunos meses. Es desgarrador ver a las madres que lloran por sus muchachos caídos, jovencitos que por lo regular no pasan de los 17 años. Después de que los médicos agotan sus recursos, sin poder devolverle la vida a aquellos cuerpos abaleados, los cadáveres son llevados al sótano, en espera de que la Fiscalía llegue para hacer los levantamientos.

Después de esto no puedo evitar caer en un estado de enajenación en el que pienso en esos muchachos, que apenas si han vivido, y en esas madres a las que la muerte les arranca de los brazos lo más querido.

Cuando regreso de mis abstracciones, todo parece haber pasado; la muerte ha hecho lo suyo y la vida continúa sin que esto parezca importar. Solo esas madres lloran; esas madres a las que nunca nadie, ni siquiera el tiempo podrá consolar.

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6 comentarios

  1. carmelilla, corto pero sustancioso,
    este es el devenir de la vida, muy berraca tú,
    eso para ti es como un pan de cada día para vivir, lo que ves.
    y yo que estuve una sola vez , con seguridad no me dieron
    ganas de volver por allá..

    ese es el flajelo de las madres que lloran en la trece…:(

    saludos

  2. Es una lástima que se esté recrudeciendo la violencia y lo más triste es que sus actores son cada día más jóvenes ; no tienen posibilidad de continuar estudiando ,ni actividades culturales o recreativas; no tienen fuentes de empleo, y este es el caldo de cultivo propicio para que los utilicen la delicuencia común,los paramilitares, en general todos grupos armados que generan esta detestable violencia.
    Lo que hacen los ConVerGentes es aporte a estimular a otros jóvenes, a pensar de que se pueden hacer cosas distintas a la violencia

  3. Más triste aún es que esa costumbre se ha convertido en pan de cada día para todo Colombia. no acostumbrarse no es un problema, por el contrario, es casi lo único que se puede hacer.
    Saludos.

  4. Tremendo dolor el que albergas. Tremendo texto el que escribes. Es una denuncia que sale desde tu corazón y que solo puede encontrar eco en quienes sean sensibles a éste regreso a la violencia, la intimidación y la guerra absurda que no parece dar tregua.

  5. Solo la cercanía con el dolor nos hace comprender la magnitud del gran conflicto social que vive nuestra sociedad.
    excelente artículo!

  6. estamos en una sociedad donde el dolor se omite porque somos el segundo país más feliz del mundo, sentimos pavor al dolor incluso al dolor por la muerte, nos negamos a nosotros mismos nuestro duelo y hacemos de la muerte algo cotidiano y pasajero, es por eso también que en Colombia las víctimas no importan, porque no deben ser víctimas sino personas felices de un estado feliz… ¡Qué tristeza! ¿Hasta cuando?

    abrazos y éxitos

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