Empleo en Colombia, la guerra (I)


El mayor empleador del país

El mayor empleador del país

Voy a tratar en una serie de cuatro artículos el problema del empleo en Colombia, y lo quiero hacer desde cuatro tópicos importantes a saber: la guerra, la política, la informalidad y los empleos temporales.

El diccionario de la Real Academia define “empleo” como: ocupación u oficio que a cambio de su ejecución o realización, se remunera. Desde tiempos inmemoriales, la realización de una labor conlleva a un pago, en especial para aquellos que desempeñan actividades en la guerra. Los reyes de antaño, al verse en dificultades para garantizar la seguridad, la paz y el bienestar de sus súbditos,  recurrían a ejércitos de mercenarios, hombres que a cambio de un buen pago y derecho al botín,  se vendían al mejor postor. No había ningún tipo de relación afectiva o de lealtad, solo un vinculo económico.

Con el pasar de los tiempos y el perfeccionamiento de los medios y herramientas de la guerra, se vio en éste fenómeno un negocio.

Así  las armas, municiones, herramientas de trasporte de tropas y demás aperos para la guerra se convirtieron en una forma, bastante lucrativa, para crear grandes fortunas.

En el contexto colombiano, el negocio no es diferente. El gran detalle es que hay un elemento más, el narcotráfico, el cual se ha constituido en el motor financiero de la guerra interna. El extinto jefe del cartel de Medellín Pablo Escobar, por allá, a mediados de la década de los 70 comenzó a construir un imperio económico que requería de una importante fuerza que respaldara sus acciones, tal fuerza, estaba compuesta por personas de bajísimos recursos económicos, que vieron en tal oficio una forma de salir de sus aprietos.

Los sicarios, la fuerza que consolidó al llamado Cartel de Medellín comenzó a cubrir vastas zonas del territorio y controlando las dinámicas sociales, económicas y hasta políticas del área metropolitana de la ciudad.

Después de la desaparición de dicho Cartel a principios de la década de los 90, tal hegemonía pasó a manos de los grupos armados AUC, FARC y ELN, quienes se disputaron a sangre y fuego el control territorial de grandes zonas del país.

Lo curioso de todo fue que quienes eran parte del grupo de sicarios de Pablo Escobar terminaron articulándose a dichos  grupos armados.

Las prebendas económicas y demás favores del poder de las armas resultaban ser cantos de sirena para los inocentes e inexpertos jóvenes que entraban a las fauces de la guerra, esperando un estipendio por su estoica labor, pero la única remuneración que recibían era un féretro donde yacían sus restos, o un exilio del barrio.

La guerra para colmo de males ha sido el mayor empleador del país en más de 3 décadas, ha contratado más de tres generaciones y ha jubilado por causa de muerte a la misma cantidad y sus mejores trabajadores los ha encontrado en la zona rural, ahora ve con ojos lascivos a las grandes urbes.

El conflicto armado ha entrado en una nueva etapa, con otras modalidades de inserción, un poco más flexibles, quienes hacían parte de un bando en los 80 y 90 ahora hacen parte de otro, en pleno siglo 21, la guerra continua, ya en las zonas urbanas, ya con nuestros jóvenes, quienes no ven otra forma de empleo más que la guerra.

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